Desde tiempos inmemoriales, el amor y todo lo relacionado con él se ha asociado con símbolos e iconos. De los que han sobrevivido hasta la actualidad, unos son autóctonos de las diferentes culturas o ligados a las costumbres de determinados lugares geográficos, y otros, con el paso de los siglos, se han convertido en interculturales o incluso universales en el mundo civilizado. Las flores, el color rojo, determinados perfumes o la música romántica, ensoñadora o erótica, son elementos que se repiten en una buena parte de las relaciones amorosas.

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Besar el cuello y las orejas: trucos infalibles de seducción Ante ese temido momento de entrarle a alguien a quien se acaba de conocer hay varias estrategias de conquista aunque, sin duda, una de las más efectivas y eróticas es la de besar el cuello y las orejas.
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Dice el Sabio que a menudo se conoce por los ojos lo que uno lleva en el fondo del alma, su bondad o su mala disposición (Eclo 19, 29); y si bien no es enteramente seguro, sí suele ser una señal bastante corriente. Por esto, uno de los primeros cuidados que hay que tener en cuanto a lo exterior, es el de componer los ojos y regular el modo de mirar. La persona que quiere hacer profesión de humildad y modestia y tener un exterior formal y sereno, tiene que conseguir que sus ojos sean dulces, pacíficos y comedidos.
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Un beso es el acto de presionar los labios contra la superficie de un objeto (generalmente la piel o los labios de otra persona) como una expresión social de afecto, de saludo, de respeto o de amor.1 Los labios son un foco sensitivo en la estructura de diversos organismos animales, y funcionan primordialmente como auxiliares en la identificación del entorno, como herramientas de succión o como auxiliares en la emisión de sonidos. El beso tiene una función social humana determinante en el proceso de cortejo.
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Distintos comportamientos animales muestran la presencia de la práctica del beso en diversas especies, entre ellas aves y mamíferos (sobre todo en los primates). Se sugiere que el beso como elemento cultural en la vida humana surge de un patrón en el comportamiento instintivo y la función biológica de los labios. Los labios son un foco sensitivo conformado de varias terminaciones nerviosas que tienen la principal función de transmitir impulsos eléctricos en el reconocimiento del entorno de algún animal; además tienen la función de la succión y la emisión de sonidos.2 El “beso” en algunas especies animales se manifiesta con diversos comportamientos sociales interespecie que aseguran el orden en el grupo animal. Algunos comportamientos como la alimentación de la pareja en calidad de regalo nupcial (práctica animal en la que la pareja da comida u objetos a la pareja sexual como cortejo) involucran una práctica sexual relacionada con la conjunción de las cavidades bucales.3 Otros comportamientos similares incluyen la premasticación del alimento en algunas especies animales, en la que la cría es incapaz de consumir alimentos sólidos y depende de la labor materna de la destrucción del alimento y su traspaso bucal a la boca de la cría. En algunas especies animales (chimpancés, Agapornis y Gourami besador), la conjunción de labios se usa como medio de comunicación e identificación, y como signo del orden social en un grupo de individuos.

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